Rafael Amaya: la dura niñez que le tocó vivir

En los últimos meses, Rafael Amaya, el controversial intérprete de “El Señor de los Cielos”, ha sido bastante polémico, en su contante lucha contra la depresión y adicciones a las que cayó; sin embargo, el actor pareció haber cargado con otros problemas de mayor prioridad de carácter personal y emocional desde su niñez, etapa en la que estuvo rodeada de extrema pobreza.

Esta situación en la que vivía el actor de 44 años, lo orilló a trabajar desde muy pequeño y no disfrutar de su infancia como se esperaría.

Recuerda en los lugares trabajó

El actor recordó cómo trabajó de todo, de cerillito (paquetero), haciendo maletas, juntando botes; “crecí en la calle básicamente… en la calle crecí”, señaló.

Cabe mencionar que al no encontrar dentro de su hogar una manera para cubrir sus necesidades básicas, tuvo que valerse por sí mismo desde muy pequeño.

“Como todos mis hermanos son más grandes, ellos llegaban a la casa y se acababan la comida, entonces, yo tenía que buscarla en la calle, básicamente”, confesó.

Pese a que con el paso de los años, se convirtió en una estrella de la televisión y de ganar para sobrevivir, a tener jugosos sueldos, parecería que el no atender los problemas de su niñez le pasaría la factura, una vez estando en la cima del éxito.

El actor reveló a la revista People en Español que había perdido la paz interior, el amor que le tenía a su familia y su trabajo, en el que, poco a poco, se fue sumergiendo a un fango oscuro de alcohol y drogas, viviendo múltiples excesos.

Rehabilitación de Amaya

Actualmente, Amaya trata de retomar su vida y carrera profesional, con la ayuda de su familia y amigos cercanos como lo son Roberto Tapia, quien cree que el actor se dejó influenciar por su personaje “Aurelio Casillas”, quien Amaya comentó;

“Soy un ser humano, no soy un robot. Me dejé llevar por el alcohol, las banalidades. Estaba cegado por el manto oscuro de la drogadicción”, señaló.

Al respecto, para el exboxeador, Julio César Chávez, la rehabilitación a la que se somete Amaya, requiere de un trabajo constante, ya que de no hacerse, podría orillarlo a fuertes recaídas.

El campeón mencionó que primero debe aceptar que está enfermo, después ir a terapia, estar internado cinco o seis meses.

“Esto es una lucha de todos los días; me ha costado muchísimo trabajo. Mi clínica no es magia, el paciente necesita querer”, concluyó.

HERALDO DE MÉXICO